ENTREVISTA JAIME NAVA

En VT Agencia de Conferenciantes trabajamos con profesionales que no solo destacan en su ámbito, sino que tienen la capacidad de transformar la mirada de quienes los escuchan. Jaime Nava es, sin duda, uno de ellos.

Capitán durante años de la selección española de rugby, referente del deporte nacional y hoy conferenciante experto en liderazgo y trabajo en equipo, Jaime ha vivido en primera persona lo que significa liderar bajo presión, gestionar la derrota, construir confianza y sacar lo mejor de un grupo en los momentos decisivos. Su experiencia no se queda en el terreno de juego: la traslada con naturalidad y rigor al mundo empresarial, donde los desafíos —aunque distintos— comparten la misma esencia humana.

En un contexto en el que las organizaciones buscan cohesión, propósito y mentalidad de crecimiento, conversar con Jaime Nava es adentrarse en una reflexión honesta sobre el liderazgo real: el que se ejerce con el ejemplo, se sostiene en la confianza y se construye cada día.

En VT Agencia de Conferenciantes hemos querido mantener con él esta conversación para profundizar en su visión sobre liderazgo, equipo y alto rendimiento, y para descubrir qué puede aprender la empresa del deporte de élite en un momento en el que la fortaleza de los equipos marca más que nunca la diferencia.

Liderazgo, equipo y mentalidad ganadora

– Después de años capitaneando a la selección española de rugby, ¿qué significa para ti liderar de verdad?

El liderazgo puede significar muchas cosas. Una de esas cosas que he aprendido en estos últimos años es que hay muchas maneras de liderar en base a una determinada personalidad o incluso estilo. En base a ese tipo de personalidad, el liderazgo puede ser mejor o peor, pero sobre todo lo que he aprendido es que ante la ausencia de liderazgo, o ante un liderazgo tóxico, es muy probable que todo se desmorone. Dicho esto, para mí liderar tiene que ver con cuidar a las personas por encima de todo. Consiste en hacerlas brillar, en desarrollar una mentalidad de servicio donde todos encuentren sentido a lo que hacen y a su presencia en el proyecto en el equipo. Para mí el líder es el protector del propósito, y es capaz de insuflar pasión en el entorno en el que se encuentra. Liderar también es generar ilusión en la gente. En los tiempos que corren, lo que estoy observando en los diferentes ámbitos con los que entro en contacto, es que cada vez son menos efectivos y tienen menos sentido esos liderazgos enfocados solo a los objetivos, la toma de decisiones y revisión de los procesos.

– ¿Un líder nace o se hace?

(Jajajajaja) – La eterna pregunta. Yo creo que pueden ser ambas. Perfectamente, se puede desarrollar el liderazgo gracias al aprendizaje, la escucha y sobre todo la experiencia. Y también se pueden nacer con una serie de características y rasgos de la personalidad como ser humano, que te hagan estar más conectado con los roles de liderazgo.

Te contaré que en mi caso, yo creo que la posición de liderazgo que se me otorgó fue más por la primera opción que por la segunda. Yo nunca me sentí un líder hasta que no me ví en esa posición. Y por supuesto todo aquello no me llegó, hasta que no había llevado a cabo suficiente aprendizaje y había vivido suficientes cosas en el deporte profesional.

Gestión de la presión

– Has vivido derrotas duras y momentos de máxima presión. ¿Cómo se gestiona la frustración cuando el resultado no llega?

Yo creo que lo primero es haber convivido antes con la derrota y la ausencia de resultados esperados. Eso es muy importante para cuando los resultados no llegan y aparece la frustración. Es decir, de nuevo saber que todo es un aprendizaje, y que todo te puede dejar una lectura y una valoración de la que puedes extraer una conclusión, para más tarde no volver a cometer los posibles errores que nos lleven a un escenario negativo en cuanto a resultados.

– ¿Qué te enseñó el rugby sobre levantarse después de caer?

El rugby para eso es una gran escuela. El rugby ayuda a relativizar todo, tanto en la victoria como en la derrota. El rugby me enseña que hay una gran cantidad de factores que no se pueden controlar y que escapan a tu control. Por eso es tan importante el equipo. Saber que hay otras personas de las que dependes, y que ellas dependen de ti. Eso es lo que me ha enseñado este deporte, que cuando te caes, siempre hay alguien para sostenerte y que te ayuda a ponerte en marcha de nuevo… incluso cuando la caída o el golpe han sido fuertes.

– ¿Hay algún momento de tu carrera que te cambiara como persona y como líder?

Si. Hubo un partido en el 2018 que nos dejó fuera del mundial de Japón de 2019 siendo yo capitán. Era la gran ilusión del rugby español, volver a un mundial de rugby. Ese fantasma todavía sigue merodeando por mi mente. Fue muy traumático, y un golpe muy duro, no solo para el equipo, sino para todo el rugby español. Aquel partido desató un escándalo a nivel internacional y España quedó fuera de un mundial que nos habíamos ganado por derecho propio después de muchos años de trabajo colectivo, esfuerzo y sacrificio. Fue lo último que pude hacer como capitán y jugador de la selección nacional…8 años después mi cabeza sigue volviendo al lugar del crimen… al lugar donde nos traicionaron…

Trabajo en equipo y cultura

– ¿Qué diferencia a un grupo de personas de un verdadero equipo?

El propósito. Un equipo construye un ecosistema basado en unos objetivos que van todos enfocados a un propósito que hace que todo lo que hacen las personas que componen un equipo tenga sentido. Si el equipo tiene un propósito que transciende, que mira hacia fuera en vez de hacia dentro, entonces tienes un equipo indestructible. A mí me gusta mucho abordar este concepto. Porque tu puedes tener un equipo que gana o pierde, eso no importa, lo que importa es que este permanece indestructible sin importar el resultado porque su propósito transciende.

– ¿Cómo se construye confianza dentro de un equipo?

No hay confianza en un equipo si no hay personas que estén dispuestas a hacer que las relaciones funcionen. Esto es lo que me ha enseñado el rugby a lo largo de toda mi carrera. Para llegar a la confianza en los compañeros y en el equipo, es indispensable trabajar en una evolución en torno a las relaciones interpersonales.

Mentalidad y alto rendimiento

– ¿Qué hábitos marcan la diferencia entre alguien bueno y alguien excelente?

La humildad y las ganas de aprender. Hace algunos años escuché hablar sobre tener una metalidad de “Rookie”. Tener una mentalidad curiosa de una persona que todos los días se da la oportunidad de progresar en algo, de mejorar, de avanzar…

Me he encontrado con compañeros y jugadores con estas características, y en muchas ocasiones han resultado ser los jugadores que luego marcaban grandes diferencias en el terreno de juego. De ser jugadores con un nivel de excelencia para muchos inalcanzable.

– ¿Cómo se entrena la mentalidad ganadora cuando las circunstancias no acompañan?

Muchas veces saber ganar implica también saber analizar rápidamente y detectar lo que no funciona antes de que sea demasiado tarde. Saber ser analítico y tomar la decisión correcta, es la mejor manera de saber ganar. Yo creo que una mentalidad ganadora se construye sobre esas situaciones difíciles y de máxima presión en las que prepondera la ansiedad colectiva, para dar una respuesta casi automática al problema basado en una experiencia previa. En el alto rendimiento este factor es muy importante, porque muchas de las situaciones que se dan, sobre todo las difíciles y complicadas, necesitan de un automatismo.

– ¿Qué importancia tiene la disciplina en un mundo que busca resultados rápidos?

Creo que los resultados rápidos vienen muchas veces por una alta incidencia del factor suerte. Me explico. Si quieres resultados rápidos, es posible que estos no tengan la misma duración en el tiempo ni la calidad que los que vienen a través del tiempo y la consagración del trabajo continuo. En mi humilde opinión,  lo que marca la diferencia es la constancia antes que la disciplina. Ser constantes es muy importante cuando realmente quieres obtener resultados con vistas al largo plazo.

La disciplina es otra cosa. La disciplina es un valor que se adquiere a través de una mentalidad de años de trabajo y a la que se llega gracias a la repetición del hábito.  A mí la disciplina me parece fundamental, en un mundo que parece cada vez más dispuesto a ponerse de perfil cuando les hablas de la necesidad de una cultura de trabajo basado en la disciplina. Esto sobre todo lo veo en las nuevas generaciones. He sido una persona tremendamente indisciplinada en algunos momentos de mi carrera deportiva. En esos momentos me habría gustado tener la lucidez que tengo ahora con respecto algunos temas. Y sin embargo, ha sido la disciplina que ido adquiriendo durante años a través del deporte profesional, la que ha arrojado luz en algún momento de oscuridad, sobre todo, cuando decidí bajar el telón del rugby profesional en mi vida de una manera definitiva.

Trasladado a empresa

– ¿Qué crees que deberían aprender las empresas del deporte de élite?

Creo que son dos mundos que bajo mi punto de vista se conectan muy bien. Se pueden establecer muchos paralelismos entre el alto rendimiento deportivo y el alto rendimiento en las empresas o “corporate”. Personalmente es algo en lo que creo.

Como aprendizajes compartiría dos principalmente:

Uno sería el componente humanista que se vive en el deporte, y como influyen el tipo de relaciones interpersonales que construimos entre los miembros de un equipo. La importancia de la empatía y cómo podemos sinergizar un ambiente en el que todas las mentalidades y puntos de vista encuentren su espacio. 

La otra sería cómo podemos construir una identidad colectiva muy fuerte donde la individualidad también pueda jugar un papel clave. En mi deporte esto cobra muchísima relevancia. Uno se da cuenta dentro de un equipo de rugby de la importancia que tiene su pequeña parcela de trabajo individual que se encaja perfectamente en el engranaje del equipo; y de cómo esta parcela individual se torna prácticamente inexistente cuando el resto de parcelas individuales de los compañeros dejan de funcionar.

Más personal

– ¿Quién ha sido el líder que más te ha marcado, si es que hay alguno, y por qué?

Mis PADRES. No deja de ser curioso cómo a veces tendemos a buscar a esos líderes en la sociedad, en la vida pública o en la política, por poner algunos ejemplos, cuando tenemos a los mejores ejemplos de liderazgo en casa. O al menos ese ha sido mi caso.  Ver todo lo que han sido capaces de hacer con nosotros (somos cinco hermanos), la educación que nos han proporcionado y los valores sobre los que han sustentado todo, me parece admirable.

– ¿Qué te hubiera gustado saber con 20 años que sabes hoy?

Que el 99% de los escenarios catastróficos que construimos en nuestras cabezas casi nunca se cumplen. Que no merece la pena preocuparse tanto por ciertas cosas. Que la vida avanza y que por alguna extraña razón las cosas siempre se terminan dando, y si no se dan, es porque sencillamente no era el momento o no es para lo que estamos predestinados. Me habría gustado saber también que la clave de todo es el hambre por el A-P-R-E-N-D-I-Z-A-J-E.

– ¿Qué significa para ti el éxito ahora, más allá del deporte?

Que el éxito no tiene nada que ver con nada que esté fuera de ti ni con las otras personas. El éxito no tiene nada que ver con lo que piensen de ti y de cómo te perciben las personas que te rodean. Y por supuesto no está en ninguna recompensa extrínseca. El éxito tiene que ver siempre contigo mismo. En como tú te ves y como vas venciendo en batallas que te hacen mejor a ti mismo. El éxito en la vida es ir perfeccionando tu mejor versión. En aprender y en mejorar, si puede ser equivocándote, mejor…

– Si tuvieras que resumir tu filosofía de vida en una frase, ¿cuál sería?

Encuentra la manera de dedicarte a lo que te gusta. Si además a ojos de los demás, tienes un talento natural, intenta mejorar la vida de los demás con él.

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